Es un pequeño homenaje del padre Francisco Vacazur. La idea es que a toda hora del día, peatones, bañistas, surfers e incluso aquellos que arrojaron cenizas de familiares al mar, encuentren un espacio de oración.

Ya se observan los primeros oradores, aunque el pequeño templo estará en plena construcción hasta el viernes, cuando definitivamente sea inaugurado, en la playa Puerto Cardiel.
Su apariencia será bien rústica, con piedras que enmarcarán la figura de la Virgen de la Paz y varias plantas a su alrededor. En su interior también habrá plantines, para dar la apariencia de un pequeño paraíso verde, el cual pretende dar signos de vida en todas partes.
Esta gruta, que es tal vez la más importante que hasta la fecha se erigió en la costa marplatense, fue una idea del padre Francisco “Pancho” Vacazur, párroco de la Iglesia San Francisco de Asís.
Hace más de dos años, le surgió la inquietud de acercar la Iglesia a la playa, un lugar frecuentado por prácticamente la mayoría de los residentes de la ciudad y turistas en verano, además de deportistas, melancólicos y principalmente aquellos que tiran las cenizas de sus familiares al mar en toda época del año.
Tal vez estos últimos fueron el motor del proyecto, que fue cobrando vida con la voluntad de algunos creyentes.
Al padre, en particular, le inquietaba ver a tanta gente arrojando cenizas de seres queridos al mar. Así empezó a pensar en la idea de construir un espacio de oración, en el que estas personas pudieran reunirse cada 2 de agosto, día de La Porciúnculo, en el que el Papa le otorga a San Francisco el privilegio de rezar por las almas (la llamada “indulgencia plenaria”).
De todos modos, aclaró que “con esta idea de reunirnos una vez por año para orar por los fallecidos, no estoy fomentando que tiren la cenizas al mar, para nada. Simplemente invito a todos los familiares que están en esta situación, para tener un ámbito de paz, de unión y de oración”.
Para la inauguración que será este viernes, a las 16, el párroco adelantó que invitó a todos los candidatos a intendente y demás funcionarios para que oren por el destino de la ciudad y que rescaten “el corazón de Madre, que tengan la firmeza del mar y la ternura de la Virgen”.
Cómo llegó
Un sinuoso camino debió atravesar el presbítero hasta hacer realidad su sueño. Todo cuesta dinero y no fue fácil conseguirlo. “Puse en venta hasta mis sandalias para recaudar. Y fue muy lindo lo que sucedió porque se unieron tres familias, pagaron muchísimo dinero (1.200 pesos), pero con una condición: que me las quedara yo. Con esta acción quedó todo claro, querían colaborar para levantar la gruta”, explicó con entusiasmo.
La colaboración no fue demasiada, pero sí los corazones grandes. “Los particulares tuvieron un gesto enorme y eso me gratifica mucho. Desde el viernes en adelante, queremos que la gente común se acerque a rezar y orar porque buscamos sembrar el Evangelio y la paz, también de cara al mar”, explicó Vacazur.
Allí entonces, se monta una gruta, que no será llamativa por sus dimensiones superlativas. Pero sí por el esfuerzo de quienes hicieron posible que de ahora en más, haya un espacio agradable, frente al mar, para la oración, el recuerdo y la entrega.